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Miguel Ángel Furones, un padrino ejemplar

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Texto: Antonio Moreno Domingo// 5º Derecho y Periodismo


Miguel Ángel Furones, escritor y creativo publicitario, ha protagonizado el acto de graduación de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación.

El gran canciller de la Universidad CEU San Pablo, Carlos Romero, ha presidido el acto académico en el que se ha impuesto la Beca y se ha entregado el Diploma de Graduación a los 320 graduados de nuestra universidad. Este es el discurso del padrino, que vino este curso a presentar su nueva obra El Té de Kunming, y a continuación podéis ver el vídeo de su intervención.


Señor Gran Canciller de la Universidad CEU San Pablo, Rector Magnífico y Excelentísimo de nuestra Universidad, Rector Honorario. Decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación, Vicerrectores, Vicedecanas.

Autoridades académicas, profesores, familiares y, por supuesto, mis admirados alumnos ya casi graduados. 

Es un gran honor para mí representar, en este universo que engloba nada menos que las carreras de Humanidades, Historia, Historia del Arte, Periodismo, Publicidad y RR.PP, Comunicación Audiovisual y Comunicación Digital, al mundo de la publicidad.

Supongo que el que este año sea yo quien esté aquí es casi irremediable.  No por mis merecimientos, eso no sería, ni mucho menos, razón suficiente.  El verdadero motivo tendrá que ver, casi seguro, con la tozuda perseverancia del calendario.  Pues es en este año cuando cumplo medio siglo trabajando en publicidad y también cuando, por fin, abandono la dirección del barco. 

Y lo hago, voy a confesarlo ahora, lleno de orgullo.  Pues en este año he podido formar parte de la puesta en marcha de uno de los sueños más anhelados por mí desde hace años.  Me refiero a la colaboración entre la universidad y la industria publicitaria a través de la iniciativa del postgrado en creatividad publicitaria e innovación organizado por esta Universidad y el Grupo del que formo parte.

Cuando yo era joven, hace ya muchos años, la universidad y la empresa vivían dándose la espalda.  Más tarde, al comenzar a trabajar en la oficina central de Leo Burnett en Chicago, descubrí con asombro y envidia cómo cuando aquella agencia, con 2500 profesionales, tenía que repensar su futuro, acudía a la Universidad para abordar el proyecto conjuntamente y para trabajar con ella como un solo equipo.

Entonces aprendí algo que vosotros ya sabéis ahora: nunca se deja de ser estudiante.  Sería como dejar de saber, o de sentir, o de estar, o de crecer… o de vivir     

Os voy a confesar una cosa: os miro y siento una profunda envidia.  Pero no os llevéis a engaño.  No envidio vuestra juventud, ni vuestra energía, ni tan siquiera el atractivo propio de la edad (sois tan guapos…).  Lo que de verdad envidio es la enorme cantidad de problemas con los que os vais a encontrar de aquí en adelante.  Porque esos problemas, y el hecho de que tengáis que afrontarlos y resolverlos, es a lo que de verdad, podemos llamar vida.

Vivir es eso, superar barreras.  Conseguir progresar en vuestra contienda diaria.    

Un hombre sabio, Jorge Wagensberg, definió lo que es progresar con estas palabras:

 Progresar es ganar independencia frente a la incertidumbre del entorno.

Ganar- independencia –  frente –  a –  la –  incertidumbre –  del – entorno.

La incertidumbre nos asedia, nos sorprende, nos asusta, nos bloquea.

Y no podemos vencerla ni destruirla.  Pero sí podemos ir, poco a poco, emancipándonos de ella. 

Cada vez que leemos un libro nos emancipamos.  Y también cuando hacemos un viaje,  y cuando nos equivocamos,  y cuando conocemos a un nuevo amigo o una nueva pareja.

Porque los problemas con los que la incertidumbre nos atropella se minimizan siempre gracias al libro leído, al lugar descubierto, al error asumido, a la conversación mantenida, al amor afrontado.

Ganad independencia frente a la incertidumbre del entorno.

No os voy a engañar, no lo tenéis fácil.  Nuestro largo viaje a través de la historia ha seguido siempre la misma dirección: de lo simple a lo complejo.  Por eso, cada nueva generación ha tenido que gestionar un nivel de complejidad superior al de sus antecesores.  Pero ahora esa progresión se ha disparado y estamos asistiendo a la revolución del  Big Data,  de la inteligencia artificial, de la robótica, de la prolongación de la vida biológica… Un escenario de consecuencias ahora mismo inimaginables.  Y sois vosotros los que tenéis la responsabilidad de hacer que este nuevo mundo sea mejor para todos.  Más hermoso. Más humano.  Más solidario. 

Por lo que a mí respecta, en poco puedo ayudar, salvo en señalaros algunas piedras encontradas en mi propio camino.  No son consejos, jamás me atrevería yo a tanto.  Intentaré tan solo enumerar algo de lo que aprendí a partir de unas cuantas caídas y un montón de tropezones.

  • Tenedle miedo al miedo, pues ese es vuestro mayor enemigo.
  • Arriesgaos, mucho.  No hay nada más terrible en la vida que, cuando llegas al final, descubrir que esta ha sido tal y como estaba prevista.
  • Amad al prójimo y al lejano.  Amad hasta que os reprochen que amáis demasiado.  Porque solo entonces comenzaréis a amar como es debido.
  • Sed generosos, aunque solo sea por puro egoísmo. En toda mi vida no he conocido un codicioso feliz, ni un arrogante feliz, ni un déspota feliz.  Sed generosos y tendréis en esta vida una buena oportunidad de ser felices.
  • Sed también buena gente. Ya sé que la bondad hoy en día no tiene una gran imagen.  Pero creed lo que os digo: los buenos siempre ganan, aunque pierdan.  Y los malos siempre pierden, aunque ganen.
  • No temáis a la decepción. La decepción es un lugar tan bueno como cualquier otro para empezar de nuevo.
  • Aprended a mirar donde hay que mirar y no donde el fulgor os deslumbre. Hace años escribí una especie de poema que tal vez ahora pueda venir cuento:

Todos miran la llama.

Nadie mira la vela.

Pero la llama no es llama sin vela

y la vela si es vela sin llama.

Así es la vida.

Es la llama quien llama.

Pero es la vela quien vela.

  • Cuidad de los vuestros. Ya sé que a algunos os costará, pero creedme, son todo lo que tendréis en la vida.  Vuestra familia, vuestros amigos, vuestros amores. 

Cuidad de ellos, porque ellos son lo que sois.  Y más aún: ellos son lo que al final, y si tenéis suerte, acabaréis siendo.

  • Y para terminar, ahora sí, un breve consejo. El mismo que le escribí a mi hija cuando tenía vuestra misma edad:

Mójate,

sumérgete,

bucea,

profundiza,

abajo,

más abajo,

mucho más abajo…

Pero jamás olvides, que no eres un pez.

Muchas gracias por vuestra atención.

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