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La Historia más mortífera

La Historia más mortífera
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Texto: Diana Montané / @diaja521

Fotografía: Diana Montané


Los historiadores militares escriben extensos libros, pero no han cogido un arma jamás. De la misma manera, están los recreacionistas que sí que manejan armamento, pero se les olvidan los libros y su rigor.  El pasado no se puede recrear, especialmente en el tema de las armas, ya que no se pueden trasladar los sentimientos de miedo, impotencia y coraje que afloraban en las batallas ante una muerte cercana. El historiador John Keegan afirmó: “me consideran de los mejores historiadores militares, pero no lo soy, nunca he estado en una batalla”.

La arqueología experimental se pone de moda en los años 60. Consiste en imitar la forma en la que los antiguos hacían las cosas. A veces se consigue pero en ocasiones es imposible recrear sus modos de vida. Los arqueólogos han llegado a realizar olimpíadas prehistóricas. Lo más complicado es encontrar la verdad de cómo eran sus hábitos y costumbres. Aparecen diversos puntos de vista, lo que dificulta hallar la verdad absoluta.  Ha pasado mucho tiempo, unos veinte siglos. Es como si ahora a un adolescente de 16 años le das una casette y un bolígrafo y le pides que los relacione. Es muy difícil que acierte a saber lo que une ambos objetos,  y no han pasado tantos años.

Las espadas medievales no pesan tanto como nos han hecho creer en las películas. Las hojas se aligeran porque ir a la batalla con un gran peso no es inteligente. Los agujeros que atraviesan las espadas, no tienen la función de provocar gangrena, sino que el motivo de su existencia es aliviar el peso. Los escudos también toman mucha importancia a la hora de la batalla. En las representaciones antiguas siempre están presentes en las imágenes de las batallas. Los espartanos tienen el dicho “vuelve con tu escudo o sobre él”. El sentido de la frase se explica porque cuando un hombre huye de la batalla, lo primero que hace es soltar el escudo. Y el honor es esencial para una sociedad completamente militarizada. Por eso significa que:  o vuelve como un superviviente o muere en la batalla como un héroe, no hay más opciones.

Los gladiadores son lo más cercano a estrellas del rock. Incluso disponen de pósteres, o bueno en su caso, mosaicos. Prima el espectáculo, y cada detalle contaba y por ese motivo, la elección de las armas resulta de vital importancia, buscan que sean más vistosas que funcionales y el escudo, otra vez, actúa como otra arma más.

Aparecen manuales  de armas de 1300 que se pueden malinterpretar. Su cometido es ser como un tráiler de una película: una promesa a medias. Muchas veces son manuales que sirven para “posturear” y para demostrar lo buenos que son, pero no corresponden con la realidad. Hay mucha gente que toma estos libros como referencia e imita lo que indica en su interior, pensando que es verídico. El manual Talhoffer es uno de los preferidos por los recreacionistas y, al problema de la poca veracidad, se le suma el de la mala traducción del alemán al inglés.

En el siglo XVI, las puntas de las espadas se pintan de negro. De esta manera en los duelos nocturnos, el rival pierde la referencia de la espada y está más desprotegido.

Las técnicas forenses se utilizan en los yacimientos arqueológicos, como es el caso de la fosa común de Visby. Tras una batalla de suecos contra vikingos, entre los siglos XIII y XIV, en la que fueron masacrados los primeros, se entierra a los muertos  muy rápido,  porque el enfrentamiento tiene lugar en verano y, por tanto, huelen mal. Se estudian las heridas y aparecen  tajos que llegan hasta el hueso, por lo que si que es verdad que se pudiesen cortar las extremidades a hachazos. Otras causas de muerte, podrían ser mazazos en la cabeza o como consecuencia de las heridas. Hay tantas que se dejaron hasta de contar. Las espadas se rompen y resultan ser muy costosas, por lo que a la hora de batallar prefieren los mazos.

Aún queda mucho por investigar y descubrir y gracias a expertos como el doctor de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación Hipólito Sánchiz  y Manuel Avrillón, miembro de la Asociación Española de Esgrima Histórico se están haciendo avances. En el Seminario de Armas, los alumnos de la facultad no solo tuvieron la suerte de descubrir curiosidades teóricas, sino también prácticas ya que pusieron a nuestra disposición recreaciones verídicas de las armas que usaron todos aquellos que vinieron antes para construir y destruir. Los alumnos pudieron de la misma manera experimentar lo que era una formación hoplítica y el patio de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación se convirtió por unos instantes en las Termópilas.

 

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